¿Qué instrumento musical elegir para nuestro hijo?

La música es una disciplina inabarcable y como tal requiere una dedicación exclusiva, si se quiere uno dedicar a ella profesionalmente. Constituye más bien una carrera de fondo, con muchos obstáculos, y como tal, comienza con una decisión muy importante que, salvo raras excepciones, es tomada por nuestros padres. Esta decisión puede determinar nuestra vida de forma considerable si, finalmente, la carrera llega a buen término. Lamentablemente la mayoría de niños que empiezan esta carrera musical no la terminan, se van apeando en diferentes etapas, y solo unos pocos afortunados la completan satisfactoriamente y pueden dedicarse profesionalmente a ella. Sin embargo, independiente de si se completa la carrera o no, es indudable que la música reporta muchos beneficios como son el desarrollo de la atención, la memoria, las habilidades psicomotrices, el auto-control, la sensibilidad, además de favorecer el aprendizaje de otras disciplinas. Por ello, no hay que pensar en un primer momento en terminar la carrera, sino más bien en disfrutar del proceso e ir descubriendo estos beneficios paulatinamente.

Si bien la carrera musical es muy larga, prácticamente vitalicia, el trayecto se recorre relativamente fácil, si se disfruta con ella. Salvo el deporte, la práctica interpretativa es la única disciplina que requiere entrenamiento diario, dedicación constante. Esta es la clave del éxito, no existe otra. El resto corresponde a estar bien dirigido por unos profesores que puedan extraer lo mejor del niño, motivándole y fomentando en él el amor por la música. Por ello, la tasa de abandono es muy alta. A ello se suma el hecho de que en la música, en función del instrumento elegido, los resultados en ocasiones tardan en llegar, no son inmediatos, y esto puede causar falta de motivación y desinterés. En cualquier caso es una decisión en la que toda la familia debe implicarse, ya que ello va a suponer cambios en la rutina diaria de nuestro hijo y por tanto en la nuestra, y los más importante, puede reportarle muchos beneficios a nivel personal y ayudarle a mejorar el aprendizaje de otras asignaturas del colegio.

Por todo ello, la elección del instrumento adecuado constituye un aspecto clave en esta carrera de fondo. Esta difícil decisión corresponde a los padres, pero ciertas señales e información pueden facilitarnos la tarea. Aun así, no existe un instrumento adecuado para cada niño, sino la actitud y aptitud de este para la música. Por ello, esto solo son algunas recomendaciones y consejos que pueden tenerse en cuenta a la hora de tomar la decisión de inscribir a nuestro hijo en una escuela de música o en un conservatorio.
En primer lugar, es importante considerar el carácter y la personalidad de nuestro hijo, además de sus gustos. Llevarlo a algún concierto o enseñarles videos puede ayudarnos a descifrar su interés por un instrumento u otro. Esto puede facilitar bastante el camino. Mostrarle los instrumentos en vivo también puede despertar su curiosidad y darnos señales que nos conduzcan en el buen camino. Si esto no funciona, tenemos que tomar la decisión nosotros con nuestros criterios. Además, yo recomiendo que antes se consulte a algún profesional, amigo o conocido músico. Y en ningún caso, elegir el instrumento que a nosotros nos hubiera gustado tocar o elegir por criterios cómo el tener al niño ocupado en una actividad extraescolar o el coste del instrumento.

Ambientes musicales indudablemente contribuyen de manera directa en este comienzo. Un niño expuesto a sonidos musicales desde sus primeros meses estará más predispuesto al aprendizaje musical que otro que comience desde cero. Aunque esto no quiere decir que cualquier niño pueda tener aptitudes para la música si son identificadas y desarrolladas con la ayuda de un buen profesor. Vivir en un pueblo o en un barrio con una banda de música también va a contribuir a que nuestro hijo pueda descubrir antes las virtudes de la música, ya que el tocar en una formación musical le va a reportar grande beneficios en su aprendizaje. En este caso, instrumentos de viento o de percusión son las más recomendables.

En segundo lugar, además de informarnos bien y hacer que nuestros hijos conozcan los instrumentos, es necesario valorar otros factores en esta decisión como son la fisionomía del niño, su edad, el tamaño del instrumento, la dificultad del instrumento que va a requerir más horas de estudio, los horarios del conservatorio o la escuela de música, etc. No solo los niños van a tener que dedicarle mucho tiempo a la música, también los padres. Efectivamente el esfuerzo de los padres es determinante también en esta carrera ya que deben implicarse en ella de una forma importante para trasladar a su hijo al conservatorio, a los conciertos o audiciones, adquirir el instrumento, el material escolar, etc.

En relación con la fisionomía de nuestro hijo es necesario considerar su estatura, la configuración de sus labios, el tamaño de sus manos, entre otras. Hay que tener en cuenta que algunos instrumentos de tesitura grave son de grandes dimensiones, como la tuba o el contrabajo. Estos instrumentos están más indicados para niños con una estatura mayor, o que estén predispuestos a crecer más. Para estos casos, generalmente se dispone de tamaños más pequeños que se van adaptando en función de la estatura del niño. Además, los conservatorios de música suelen disponer para su uso de estos instrumentos, por lo que en sus primeros cursos no será necesario que el alumno lleve su instrumento. Del mismo modo, un niño con unos labios prominentes suelen presentar una mejor adaptación a los instrumentos de boquilla, es decir, de viento metal. Y niños con manos grandes en general estarán mejor preparados para manejar el teclado de un piano, aunque esto no sea del todo determinante.

La edad es otro factor a tener en cuenta. Con 3 años ya se puede empezar a estimular musicalmente a nuestro hijo, pero es a partir de 6 años cuando ya es recomendable iniciarlo en un instrumento. Para edades menores de 6 años lo más recomendable es iniciarlos en el piano o el violín, ya que son estos instrumentos los que requieren una mayor dedicación. Además, en el caso del piano, aporta una visión polifónica de la música, lo que contribuye a una mejor comprensión de esta. La edad reglamentaria para empezar en un Conservatorio oficial son 8 años, aunque puede adelantarse esta edad excepcionalmente. Por ello, será de gran ayuda para nuestro hijo que cuando vaya a realizar la prueba de acceso al Conservatorio ya haya experimentado con la música durante algún tiempo. Téngase en cuenta también, que generalmente la prueba de acceso a un conservatorio para iniciarse no requiere un ejercicio de práctica instrumental, solo ejercicios para evaluar sus habilidades básicas musicales, como son el ritmo, la entonación o la altura. Pero indudablemente el manejo de un instrumento musical de ayudará mucho para superar esta prueba.

No hay que obviar tampoco en esta decisión las características y dificultad de cada instrumento. Por lo general, el aprendizaje de los instrumentos de viento madera es menos dificultoso y los resultados esperados no tardan en llegar. El niño podrá tocar sencillas melodías en un tiempo relativamente corto y con un estudio menos exigente, lo que va a contribuir a que se enganche pronto a la música. Sin embargo, otros instrumentos como el violín van a requerir un notable esfuerzo por parte del niño en su estudio para que se vean resultados en el aprendizaje. Las horas de dedicación van a ser superiores a las de un instrumento de viento y esto puede abocar irremediablemente a nuestro hijo al abandono. Lo mismo sucede con el piano. El instrumento rey exige una dedicación muy exigente y rigurosa para observar progresos. Por tanto, este aspecto no es cuestión baladí, ya que en función del tiempo libre que disponga nuestro hijo, podrá dedicarlo al instrumento.

Algunos niños pueden tener una pequeña ventaja si en su familia hay algún músico. Niños/as de padres/madres músicos suelen contar con un entorno más favorable. Es como tener un profesor particular en casa. Generalmente en estos casos se suele elegir el instrumento que toca el familiar, ya que de esta forma podrá recibir consejos en su propio ambiente familiar. Pero cuidado, el hecho de que el hijo toque el mismo instrumento que su padre o madre también puede comportar inconvenientes. En ocasiones la presión que sufre el niño por parte de su padre o madre músico puede ser contraproducente y desembocar irremediablemente en el fracaso o abandono. Es muy importante en estos casos gestionar muy bien el aprendizaje del niño. Además, el hecho de escuchar a su padre o madre tocar el mismo instrumento que él solo tiene que constituir una motivación o aliciente más, en ningún caso algo que le genere presión.

El ingreso en el conservatorio es otro factor que puede determinar esta elección. En la mayoría de las ocasiones si queremos llevar a nuestro hijo a un Conservatorio público, el resultado de la prueba de acceso será determinante para la elección de un instrumento u otro, ya que esta elección se basa en el criterio de puntuación de la prueba. De manera que aunque nosotros prefiramos un instrumento u otro, o bien, nuestro hijo ya esté estudiando un instrumento, deberemos elegir el instrumento disponible en función del orden de puntuación de la prueba y las vacantes que ofrezca el centro. En este caso, yo recomiendo no tener ninguna idea preestablecida de un instrumento u otro. Todos los instrumentos musicales tienen su atractivo. La otra opción más costosa es elegir un centro privado, o bien, optar por iniciarlo en la escuela de música de la Banda de nuestro pueblo o del barrio. Esta última es una opción muy atractiva ya que permitirá al niño aprender en un entorno ventajoso como es la banda de música. Esta constituye la mejor cantera para un instrumentista de viento o de percusión, ya que desde edades muy tempranas se participa de las actividades de la banda, lo que aporta grandes beneficios en el aprendizaje del niño.

El coste de un instrumento musical y su mantenimiento también es una cuestión a tener en cuenta. La adquisición de un instrumento musical supone en ocasiones un desembolso económico considerable. Sin embargo, existen otras opciones como son el mercado de segunda mano o los préstamos que podemos pedir entre amigos o conocidos, en las tiendas de música o en las propias escuelas de música. En cualquier caso, nunca es recomendable comprar un instrumento caro o de gama alta para nuestro hijo. En la etapa de iniciación hay que optar por instrumentos económicos hasta que se vaya viendo la evolución de nuestro hijo en el aprendizaje. Para las enseñanzas elementales con un instrumento básico será suficiente. En las enseñanzas profesionales ya se puede optar por un instrumento de gama media, siempre que el niño muestre interés y habilidades para la música. Por otro lado, es importante inculcarles desde muy temprano el buen uso y mantenimiento del instrumento. Que sean responsables de su instrumento. Todos los instrumentos requieren un mantenimiento y un uso específico. Hay que hacerles partícipes de ello.

El carácter de nuestro hijo también puede ayudarnos a la toma de la decisión. En este sentido, los instrumentos de viento pueden contribuir a canalizar la respiración y calmar la gran energía que los caracteriza. Un instrumento de viento recomendable para iniciarse es la flauta dulce, por su versatilidad y su agradable sonido. Sin embargo, en cuanto el niño logre manejarlo, lo mejor es cambiarlo por un instrumento de características similares como el clarinete o el saxofón. En general, los instrumentos de viento metal requieren un esfuerzo considerable con la respiración, además de ciertas dificultades para controlar la embocadura. A favor tienen una digitación más sencilla que los instrumentos de viento madera, ya que operan únicamente con tres teclas o pistones. Esto puede constituir una ventaja, pero un gran número de notas de su escala debe ser emitidas con la ayuda de la embocadura y la respiración, lo que requiere una mayor contribución del músico. Por su parte, los instrumentos de viento madera disponen de sistemas de llaves más sofisticados que dificultan más su uso, pero sin embargo, la contribución del músico en cuanto a embocadura no es tan esencial. En todos los casos, si se opta por un instrumento de viento recomiendo que llevéis a vuestro hijo a una Banda de música en cuanto se pueda. Esto le ayudará mucho en su carrera de fondo y además le ayudará a relacionarse en un entorno musical.

Los instrumentos de percusión también son una buena opción para niños. La percusión puede ser perfecta para niños hiperactivos, enérgicos y tímidos, debido al esfuerzo físico que requieren para ser tocados. También hay que considerar la complejidad que comportan en términos de ritmo y coordinación. Y por supuesto, que son instrumentos ruidosos que pueden generar problemas con el vecindario. A su favor, son instrumentos que producen sonido al ser golpeados (no todos), lo que les faculta formidablemente para producir sencillos ritmos que suelen agradar a los más peques.

Los instrumentos de cuerda, por su parte, son muy versátiles y se fabrican en diferentes tamaños, por lo que son aptos para cualquier niño. La guitarra suele ser muy atractiva dado que su sonido es muy personal y se suele identificar con grupos de música o cantantes favoritos. Es recomendable para niños más extrovertidos. Además es muy versátil y permite unos resultados plausibles en poco tiempo. El violín sin embargo es uno de los instrumentos más difíciles de dominar y que requiere más horas de estudio. Además los resultados tardan en llegar y el niño puede ser más propenso a la procastrinación o el abandono. Al ser un instrumento sin trastes, al contrario que la guitarra, la afinación resulta más compleja y por otro lado, su tesitura aguda complica la emisión de un sonido agradable en los primeros estadios. Por ello, el violín es un instrumento que debe iniciarse pronto y estar muy bien guiado el alumno por el profesor, que deberá motivarlo constantemente y ayudarle para que el camino sea más agradable. Sin embargo, un violín o un violonchelo en manos de un buen músico producen maravillosos sonidos que son capaces de remover nuestras emociones y conducirnos a un estado de éxtasis. Para un niño con un carácter más reservado, tranquilo e introvertido, el contrabajo es una buena opción. Es un instrumento esencial en la orquesta o en otras formaciones y requiere de músicos con este perfil. A pesar de no ser un instrumento solista y pasar a veces desapercibido, su concurso es necesario y su sonido constituye una especie de sostén de la música sin el cual esta quedaría deslucida.

El canto es otra opción recomendable. Si escuchas a tu hijo cantar cuando está solo o en la ducha, por ejemplo, ponte en alerta. Y si además, según tu criterio, crees que lo está haciendo medianamente bien, no lo dudes y llévalo a una escuela de canto. Pero tendrás que tener en cuenta algunos aspectos. La carrera de canto se inicia en las enseñanzas profesionales a partir de los 12 años, cuando los niños comienza a desarrollar su voz. Los cantantes suelen ser individualistas, egocéntricos, les gusta ser el centro de atención. Y por regla general lo que más les agrada es ser solistas. El problema de adquirir un instrumento no lo tendremos, ya que lo lleva integrado en su propio cuerpo, pero a cambio deberán mantener ciertos hábitos saludables para no afectar a sus cuerdas vocales. El problema de los vecinos también podrá presentarse cuando nuestro hijo ensaye, ya que la voz es muy ruidosa, por lo que será necesario considerar el acondicionar acústicamente la sala de ensayo, a no ser que nuestros vecinos disfruten escuchando a nuestro hijo. A favor, su versatilidad y el hecho de que la música que produce brota directamente de su propio cuerpo, sin intermediarios. Esto lo convierte en un instrumento único cuyos sonidos logran conectar directamente con nuestras emociones. Además, los resultados, si se tiene la aptitud y actitud necesaria, son más inmediatos y placenteros.

En todos los casos, yo recomiendo participar cuanto antes en audiciones o conciertos con la banda u orquesta. Estas actividades suponen un gran estímulo para el niño y al mismo tiempo constituyen un reto que deberán superar. Y al margen de las dificultades y el esfuerzo que supone, los beneficios que le reportará serán numerosos. No hay nada más estimulante y placentero que la sensación que se produce cuando terminamos un concierto, a pesar de lo que conlleva: superar el miedo escénico, la incertidumbre del resultado o el miedo a no estar lo suficientemente preparados. Todo esto no es importante, ya que conforme el niño vaya participando en audiciones y conciertos, estos miedos irán desapareciendo y otras sensaciones más agradables harán acto de presencia. Producir música es siempre una actividad placentera y reconfortante.

En ocasiones también solemos elegir uno u otro instrumento por sus cualidades, su consideración social o simplemente por ser los más comunes. Mi consejo es huir de estos criterios y elegir un instrumento menos frecuente. Por mi experiencia profesional veo constantemente como muchos aspirantes no superan la prueba de acceso a las enseñanzas profesionales o superiores simplemente por la relación entre la oferta y la demanda, lo que en ocasiones les aboca al abandono académico. Determinados instrumentos están mucho más demandados, tales como el clarinete, el saxofón, la flauta, el violín o el piano. Sin embargo, la tasa de acceso a los centros de estos instrumentos es baja si la comparamos con otros como el fagot, el arpa, el contrabajo o el trombón. Además de tenerlo mucho más fácil estos instrumentos para ingresar en un conservatorio, su mercado laboral será más propicio y ventajoso, ya que la relación oferta-demanda será más equilibrada. En este sentido, yo siempre recomiendo elegir caminos menos transitados, donde la carrera de fondo encuentra menos obstáculos. En una carrera de 1000 corredores nuestro resultado siempre será peor que en una de 100 corredores. Consideren este consejo especialmente.

Por último hay que valorar un factor primordial en el éxito de esta carrera musical: el profesor. Este se convierte también en actor en el proceso de aprendizaje de nuestro hijo y es el que lo va a guiar en su largo camino. El éxito de la carrera va a depender en gran medida de este factor. No es necesario que el profesor sea un excelso intérprete, sino más bien que aglutine cualidades y competencias pedagógicas y prácticas por igual, además de otras tan importantes como el trato y el respeto al alumno. En el aprendizaje de la práctica musical nuestro hijo suele pasar una media de una hora de clase con el profesor. El método del profesor y su actitud puede ser determinante para el éxito o el fracaso. El alumno debe ver al profesor con admiración y respeto, y al mismo tiempo ser consciente de la importancia de todas las indicaciones y consejos que recibe de él. Nuestro hijo debe acudir a las clases animado y motivado, de lo contrario recomiendo cambiarlo de profesor lo antes posible o valorar un cambio de instrumento si está en una etapa inicial todavía. En ningún caso el acudir a clase puede suponer un trauma o un problema para nuestro hijo. En los primeros estadios debe convertirse en una especie de juego o entretenimiento divertido, algo que les haga disfrutar y a lo que puedan encontrar aplicaciones. De lo contrario, es muy posible que el abandono llegue pronto.

En definitiva, para tomar esta decisión, debes considerar varios aspectos y criterios como son la información sobre los instrumentos y su uso, el carácter y gustos de nuestros hijos, el mostrarles todas las opciones disponibles y que sean ellos quienes nos den pistas, el centro de estudios y sus profesores, su fisionomía y la cuestión logística, entre otras. Sin embargo, todo esto en ocasiones no es suficiente, ya que la música comporta otro componente aptitudinal, que es difícil de describir. Hay músicos excelentes que empezaron su carrera simplemente porque sus padres eligieron un instrumento u otro en función estrictamente de su gusto personal. Y al contrario, muchos estudiantes que abandonaron su carrera a pesar de que sus padres eligieron el instrumento con todos los elementos de juicio y criterios recomendados. Normal, lo que se ha explicado aquí son solo consejos para iniciar la carrera. Pero al final el proceso es largo y complejo y dependerá de otros muchos factores que se nos escapan del propósito de este post, pero que básicamente son los siguientes: perseverancia, constancia, esfuerzo, un entorno familiar favorable, disfrutar con ello y unos profesores que nos guíen correctamente. Los resultados llegarán progresivamente en forma de pequeños avances, pasos pequeños pero constantes, que servirán para llegar al final de la meta. Pero cuidado, la carrera no se acaba nunca. Acabaremos los estudios pero entonces empezará una nueva carrera, encontrar un trabajo que nos permita dedicarnos profesionalmente a la música y nos permita disfrutar con ello, algo que a los músicos nos convierte en afortunados: trabajar en algo en lo que disfrutas al mismo tiempo. Y terminada esta, la carrera no habrá hecho más que comenzar, ya que los músicos no podemos pasar sin nuestra dosis de música diaria. Estamos destinados a convivir con nuestro instrumento y con la música toda la vida. Estamos conectados a ella siempre. Algo maravilloso, no creen?

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